El tiempo pocas veces se
detiene para contrarrestar el olvido, el tiempo devora siendo la asfixia de los
pensamientos. Para el tiempo las agresiones son significativas porque aumentan
la nostalgia. El tiempo no da espera porque siempre está en apuro limitando los
instantes, transformando las conciencias.
El momento en que usted y yo estemos absortos en el
universo, siendo ese instante nuestro, percibiré su presencia de una manera única;
cual obtenga una mirada suya que esconde un misterio innegable, un misterio que
si llegase a ser compartido al conocimiento público, sería por innegable consecuencia una
catástrofe. Razón por la cual, usted, yo, intuiremos que nadie llegará a
comprender lo que pasa entre nuestro cruce de miradas, y al no existir
entendimiento de los demás seres de este mundo e innecesario el deseo de que lo
hicieran por parte nuestra, quedará nuestra historia como una semblanza que
supera las fracciones de los sentimientos, tan complejo que solo su mente y la mía,
han de descubrirlo, utilizando como herramienta la afección de nuestros
recuerdos, la mezcla de ideas, paciencias, de aquellos odios dulces y de los cuerpos libidos del nudo de la historia
El tiempo es vida, misterio y
totalmente ilegible. El tiempo pasa
acompañado de la impaciencia sin dar lugar a la unión de los planes, así las
historias se acaban, el dolor llega y la curación tiende a ser el olvido... El
tiempo es virtud, el tiempo pasa sin
tomar culpa alguna y la vida sigue su curso pero, seguimos siendo nobles ante
su naturaleza.
Cuando las columnas que
sostienen nuestro viaje se deterioren y satisfacer todo el deseo que ha sido reprimido
por tanto tiempo haya llegado a su inhóspito final, posiblemente nuestras
elecciones esten del todo determinadas; las muchas emociones sentidas y situaciones incómodas, todas, buscarán un espacio
para no quedar sumergidas en el olvido. Estaremos involucrados en aquello que
nos puede destruir, al pasar el camino seremos de nuevo, personas libres; sin existencia alguna arraigada del otro, de cada pieza, de cada
beso, de cada tacto, invisibles al tiempo, no habrá ganador, ni voluntad.
Quedará como constancia hacer un buen uso
del talento para expresar un adiós, despedirse del ajeno mundo de los mismos y recíprocos instantes. Si nosotros o al menos uno, recuerda de nuevo esta historia, todo, hasta lo
más mínimo, habrá válido la pena.
-¿De quién es el tiempo?-
-¿De quién es el tiempo?-