22 diciembre, 2016

ESPECTROS DE PAPEL

El tiempo pocas veces se detiene para contrarrestar el olvido, el tiempo devora siendo la asfixia de los pensamientos. Para el tiempo las agresiones son significativas porque aumentan la nostalgia. El tiempo no da espera porque siempre está en apuro limitando los instantes, transformando las conciencias.

El momento en  que usted y yo estemos absortos en el universo, siendo ese instante nuestro, percibiré su presencia de una manera única; cual obtenga una mirada suya que esconde un misterio innegable, un misterio que si llegase a ser compartido al conocimiento público,  sería por innegable consecuencia una catástrofe. Razón por la cual, usted, yo, intuiremos que nadie llegará a comprender lo que pasa entre nuestro cruce de miradas, y al no existir entendimiento de los demás seres de este mundo e innecesario el deseo de que lo hicieran por parte nuestra, quedará nuestra historia como una semblanza que supera las fracciones de los sentimientos, tan complejo que solo su mente y la mía, han de descubrirlo, utilizando como herramienta la afección de nuestros recuerdos, la mezcla de ideas, paciencias, de aquellos odios dulces y  de los cuerpos libidos del nudo de la historia

El tiempo es vida, misterio y totalmente  ilegible. El tiempo pasa acompañado de la impaciencia sin dar lugar a la unión de los planes, así las historias se acaban, el dolor llega y la curación tiende a ser el olvido... El tiempo es  virtud, el tiempo pasa sin tomar culpa alguna y la vida sigue su curso pero, seguimos siendo nobles ante su naturaleza.
Cuando las columnas que sostienen nuestro viaje se deterioren  y  satisfacer todo el deseo que ha sido reprimido por tanto tiempo haya llegado a su inhóspito final, posiblemente nuestras elecciones  esten del todo determinadas;  las  muchas emociones sentidas y situaciones incómodas, todas, buscarán un espacio para no quedar sumergidas en el olvido. Estaremos involucrados en aquello que nos puede destruir, al pasar el camino seremos de nuevo, personas libres;  sin existencia alguna  arraigada del otro, de cada pieza, de cada beso, de cada tacto, invisibles al tiempo, no habrá ganador, ni voluntad. Quedará como  constancia  hacer un buen uso del talento para expresar un  adiós, despedirse del  ajeno mundo de los mismos y  recíprocos instantes. Si nosotros o al menos uno,  recuerda de nuevo esta historia, todo, hasta lo más mínimo, habrá válido la pena.
-¿De quién es el tiempo?-